Creencias Erróneas sobre las Personas Sordas

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La historia de las personas sordas es una historia marcada por una educación oralista impositiva que centraba sus esfuerzos en conseguir que tuvieran unas mínimas competencias en el uso de la lengua oral. Pero antes de que se les facilitara una educación, estas personas eran consideradas retrasadas mentales imposibles de instruir y eran internadas con deficientes mentales o locos. Estas creencias erróneas marcaron la trayectoria del colectivo de manera que no fue hasta que la cultura mayoritaria fue capaz de ver, gracias a los esfuerzos de las propias personas sordas, que no se trataba de deficientes mentales sino auditivos, y que su valía personal era tan importante como la del resto de las personas que componían el total de la sociedad, que no comenzaron a recibir una educación institucionalizada.

Creencias Erróneas

Son variados los mitos y creencias erróneas que rodeaban al colectivo de personas sordas en la antigüedad:

Parece ser que en el Antiguo Egipto se afirmaba que cuando el vientre de la madre embarazada estaba demasiado bajo era porque su hijo iba a ser sordo. También en los sarcófagos hay testimonios sobre el gran temor que despertaban estas personas porque, según ellos, una persona sorda oía durante toda la vida aunque no fuese consciente de ello y cuando moría, contaba todo aquello que había oído a lo largo de su existencia.

Los griegos y los romanos consideraban al sordo incapaz de recibir educación. Hipócrates, Herodoto o Aristóteles, fueron pensadores que afirmaban que el desarrollo intelectual de las personas sordas era imposible; que era un castigo divino; que no podían leer, ni escuchar, ni entender. Esto condujo a que se les prohibiera por ley comprar, vender, heredar y no podían contraer matrimonio. Por ejemplo, los espartanos solían arrojarlos desde el monte Taijeto, los atenienses los abandonaban o sacrificaban. Los romanos los arrojaban al Tibet.

En la Edad Media se les consideraban embrujados. Fue en esta época en la que las órdenes religiosas intentaron encontrar un remedio para la sordera con métodos tan estrafalarios como calentar una manzana, partirla por la mitad y colocar cada uno de los trozos sobre las orejas, pretendiendo que el gusano que contenía una de las mitades penetrara por el oído y, siguiendo el olor de la otra mitad, intentase llegar al otro y dejar así espacio suficiente para estudiar este órgano.

Hasta el siglo XV las personas sordas fueron consideradas como seres irracionales sin derechos y sin deberes religiosos ni sociales. Quizás con algunas excepciones como el Talmud (siglos III a.C. a VIII d.C), obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, historias y leyendas, que dice: ”No equiparéis al sordo y al mudo en la categoría de idiotas o de aquellos individuos de irresponsabilidad moral, porque pueden ser instruidos y hechos inteligentes”.

En el siglo XII el Papa Inocencio III permite el matrimonio entre personas sordas (y entre sordos y oyentes) porqué entendió que podían dar su consentimiento con la cabeza.

En lo que se refiere al marco legal, concretamente en España, Alfonso X El Sabio en su escrito "Las Siete Partidas" hace referencia a las personas sordas y a las mudas, dónde se les permite casarse por medio de señales a las que se da el mismo valor que a la palabra, pero aún no se les permite testificar en juicios, adoptar huérfanos o heredar feudos.

En la actualidad no podemos evitar leer estas consideraciones con sorpresa y pensar que se tratan de creencias erróneas que forman parte del pasado. Sin embargo, el colectivo de personas sordas se ven a menudo en la necesidad de luchar muchas otras creencias erróneas que siguen extendidas en la sociedad:

  • Las personas sordas lo oyen todo con ayuda de una prótesis. Las prótesis no eliminan el problema auditivo de todas las personas sordas. Es cierto que en algunas situaciones pueden ser útiles, pero nunca escucharán de la misma manera que un oyente cuando hablamos de ciertos tipos de sordera.
  • Las personas sordas no pueden hablar. Muchos sordos pueden hablar. La diferencia es que, algunos no han aprendido a utilizar la lengua oral y otros prefieren no hacerlo. Pero todos pueden comunicarse, a través de la lengua oral y/o a través la lengua de signos.
  • El término de sordomudos es adecuado el menos ofensivo. La sociedad ha utilizado este término erróneamente al referirse a las personas sordas; actualmente puede ser percibido por muchos sordos con connotaciones peyorativas ya que este colectivo es capaz de comunicarse tanto en lengua de signos como en lengua oral en sus formas escritas y habladas. Las personas de este colectivo se refieren a sí mismas como Sordos, y este es el término que prefieren.
  • Todas las personas sordas leen los labios. La lectura labial es una habilidad compleja que precisa de múltiples factores (movimientos labio-faciales de la persona, los cuales pueden variar de una persona a otra, el entorno, etc.) por lo que todos los sordos no son buenos labio-lectores o no lo son en todos los casos y circunstancias.
  • Las personas sordas pueden hacer algún tipo de trabajo. Las personas sordas tienen las mismas capacidades intelectuales y funcionales que las personas oyentes y por tanto pueden desempeñar cualquier trabajo.
  • Las personas sordas no pueden conducir. Las personas sordas sí pueden conducir, a pesar de las diferentes barreas de acceso a la información y comunicación que se encuentran en algunas autoescuelas y exámenes de conducir, por la falta de adaptación en estos servicios. Y es que, el sentido más utilizado a la hora de conducir es la vista.
  • Todas las personas sordas usan la lengua de signos. En este caso dependerá del contexto familiar, social y cultural en el que se haya desarrollado la persona sorda. Hay quienes aprenden la lengua de signos, quienes aprenden la lengua oral y quienes desarrollan sistemas o códigos alternativos de comunicación.

Comparativamente hablando, la situación de las personas sordas ha mejorado indudablemente de la antigüedad hasta ahora pero, como ocurre con muchos otros colectivos, siguen cargando con prejuicios, creencias erróneas y estereotipos que deben ser necesariamente eliminados. A modo de curioso ejemplo podemos consultar un curioso estudio de la Universidad de Salamanca sobre la imagen que el cine ha transmitido de las personas sordas y mudas a lo largo de la historia en el siguiente enlace.

Actualmente, en el ámbito de la sociología, podemos concluir que  la sociedad ha valorado a las personas sordas bajo diferentes perspectivas:

  • En un principio la opinión que la sociedad tenía de este colectivo venía determinada por perspectiva medico-audiologíca. De esta forma, se evaluaban las repercusiones que el déficit puede producir en el área cognitiva, lingüística y social de las personas sordas, y se proponían medidas rehabilitadoras o de intervención educativa que paliaran los efectos de la pérdida auditiva. Desde este punto de vista puramente médico se considera a las personas sordas como discapacitadas que necesitan soluciones (audífonos, implantes cocleares, etc,) para acercarse lo más posible a la normalidad (sordera como discapacidad). .
  • A partir de la década de los 60 el campo de la Lingüística y psicolingüística han centrado sus estudios en la Lengua de Signos. Esta nueva perspectiva, la perspectiva psicológica o psicolingüística, se centra en las implicaciones de la sordera en el desarrollo general del individuo (sordera como rasgo psicosocial). Desde esta perspectiva, entendiendo a las personas sordas y su cultura, se superan estereotipos y estigmas sociales y se es capaz de ponerse en el lugar del otro, de respetar y aceptar la definición que una persona sorda da de sí misma y de lo que necesita.

Para clarificar la doble visión de sordo como no oyente y de Sordo como miembro de una cultura diferente, se emplean dos acepciones del término sordo que se representan como dos grafías diferentes: Sordo y sordo.

  • sordo: hace referencia a la condición audiológica de no oyente (sordera como discapacidad).
  • Sordo: alude a la pertenencia a un grupo particular que comparten una lengua, la de signos, una experiencia visual y una cultura relacionada con ambas (sordera como rasgo psicosocial).

Por tanto, la persona Sorda es aquella que se siente como tal, tiene un sentimiento de identidad construido a partir de su forma peculiar de percepción. Esto es así, no porque los miembros de su propia comunidad se lo impongan, sino porque lo siente de forma libre.


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